Tecnología

Tecnología y educación, ¿son compatibles?

Con frecuencia olvidamos que el aula, desde sus orígenes, ha estado repleta de tecnologías como el lápiz y el cuaderno, la tiza y el pizarrón, e incluso la más compleja y la más radical de todas: la escritura. Sin embargo, históricamente la aparición de nuevos dispositivos tecnológicos ha despertado resistencias dentro de la escuela. Esto ocurrió, en su momento, con el surgimiento de lapiceras, máquinas de escribir y calculadoras, por ejemplo.

mayo 2019 | OAP! Nº140

Por Ignacio Bernasconi

 

No es de extrañar que una vez más, en nuestros días, reine la desazón y el desconcierto ante la necesidad de adaptarse a los nuevos tiempos que corren: las llamadas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) se han apoderado de todos los ámbitos de nuestra vida y con su impetuoso avance han llegado, incluso, a la escuela.

Por eso, en plena era digital, una de las mayores preocupaciones que desvela a los pedagogos es la tarea de discernir cómo implementar las TIC para que, lejos de ser un obstáculo, constituyan una herramienta de verdadero provecho en el ámbito educativo. Se trata de un instrumento que, si bien es capaz de proporcionar enormes beneficios en la formación escolar, también esconde graves peligros en caso de que no se lo emplee adecuadamente.

Veamos, a continuación, las dos dimensiones de una presencia que, en adelante, parece estar decidida a tener asistencia perfecta durante todos los días de clase:

 

Ventajas del uso de las TIC en la escuela:

1) Estimula el interés de los alumnos, provocando una actitud de mayor iniciativa y creando un espíritu de investigación que puede convertirlos en verdaderos autodidactas.

2) Aumenta la interacción directa entre alumno y profesor, pero también la colaboración entre los propios alumnos, generando un espacio de formación mucho más fructífero.

3) Incrementa la capacidad de aprendizaje dado que la actividad intelectual de los alumnos no sólo es estimulada dentro de las aulas sino también fuera de ellas.

4) La formación adquiere mayor versatilidad dado que, con el uso de las TIC, es posible adaptar mejor los ritmos de aprendizaje según la capacidad de cada alumno.

5) La educación se vuelve más inclusiva ya que las tecnologías permiten una mejor incorporación de aquellos alumnos con capacidades diferentes.

6) Proporciona una experiencia de aprendizaje mucho más rápida dado que el alumno puede reconocer por sí mismo los errores cometidos y enmendarlos en el momento.

7) Facilita la comunicación entre toda la comunidad educativa –alumnos, profesores, directivos y padres–, gracias a lo cual se agiliza el proceso de toma de decisiones.

8) Impulsa a los profesionales de la docencia a estar en constante renovación, no sólo de los contenidos sino también de los métodos educativos a implementar.

9) Evita caer en el estudio de temas y saberes obsoletos, dando acceso a contenidos en permanente actualización y a sólo un clic de distancia.

10) Relativiza la importancia de la presencia física en el aula dada la enorme flexibilidad de tiempo y espacio que caracteriza a la educación virtual.

 

Contras del uso de las TIC en la escuela:

1) Excesiva facilidad para cometer plagio y evitar el esfuerzo intelectual ante distintas tareas que pueden ser completamente realizadas gracias al uso de las TIC.

2) Gran propensión a la distracción o al uso ineficiente del tiempo teniendo en cuenta las múltiples utilidades que ofrecen los dispositivos tecnológicos.

3) Peligro de que los alumnos, evitando la supervisión del adulto, utilicen la tecnología de forma inconveniente para su edad y madurez.

4) Disminución del tiempo de interacción real con sus pares y docentes, e incluso de tiempo de juego y recreación física, tan importante en la edad de crecimiento.

5) Excesiva exposición a los dispositivos tecnológicos con el consecuente peligro de que, tanto el alumno como el docente, genere una adicción a los dispositivos.

6) Riesgo de que los docentes carezcan de la capacitación necesaria para hacer uso de la tecnología de un modo verdaderamente provechoso y formativo.

7) Necesidad de una constante concientización por parte del docente acerca del rol que debe desempeñar a la hora de estar frente a un aula implementando las TIC.

8) Peligro de que la información privada, perteneciente tanto a estudiantes y docentes como a la misma institución, caiga en manos inescrupulosas.

9) Desigualdad en las posibilidades concretas de acceso y uso de la tecnología, tanto por parte de alumnos como de docentes y escuelas.

10) Necesidad de que, tanto las escuelas como las familias, incurran en importantes gastos para la compara y mantención de los dispositivos tecnológicos.

 

Evidentemente, más allá del impacto positivo o negativo que los dispositivos tecnológicos puedan ejercer en el aula, algo es indiscutible: las TIC están transformando el ámbito educativo. Una transformación que, literalmente, no tiene precedentes y que atraviesa las más diversas facetas de la escolarización: desde la manera de valorar el conocimiento hasta la forma de entender el rol del docente y del alumno, e incluso más allá también: las TIC han despertado la necesidad de reconcebir el proceso de enseñanza-aprendizaje.

Porque si nos limitamos a reemplazar el lápiz y el papel por la tablet o la notebook, es evidente que los alumnos no necesariamente aprenderán más; ¡todo lo contrario! Si lo único que hacemos es cambiar de soporte sin alterar la metodología de abordaje y evaluación de los procesos de enseñanza, e incluso sin modificar la manera de formar a los docentes, lo único que haremos con la tecnología será crear generaciones de alumnos que habrán dedicado una parte muy significativa del tiempo escolar a entretenerse de las formas más insólitas.

Por eso, el desafío que hoy imponen las nuevas tecnologías no es de forma sino de fondo: es necesario y urgente comenzar a pensar en un cambio de paradigma en la educación. Una nueva perspectiva que permita concebir al alumno, y no al docente, como centro de la actividad educativa. Donde el profesor, más que ser visto como la fuente absoluta del conocimiento, sea considerado como un tutor que guíe e ilumine el proceso educativo. Y en donde, a su vez, el alumno asuma un protagonismo central para poder reconocer sus necesidades e intereses y trabajar desde allí.

En conclusión, más que preguntarnos por la “compatibilidad” entre tecnología y educación –que es la propuesta de nuestro título– quizás debamos cuestionarnos acerca de la capacidad de adaptación de la educación. Porque, si bien es importante que nuestros chicos sepan hacer uso de las herramientas tecnológicas de nuestro tiempo, mucho más importante aún es que puedan hacer uso de las aptitudes intelectuales de nuestra condición humana: la capacidad de pensar, reflexionar y formarse un juicio propio.

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