Cultura

¿Quién dijo que pensar era aburrido? Hablemos de ajedrez

Si alguna vez tuviste la suerte de aprender sus reglas o, mejor aún, de jugarlo con alguna frecuencia, seguramente sabrás muy bien que pocos juegos de mesa son capaces de despertar tantos sentimientos encontrados como el ajedrez. Admiración o rechazo, fascinación o hartazgo, satisfacción o pesar son sólo algunas de las numerosas reacciones enfrentadas que el tablero puede generar. Tal vez por esto ningún otro juego esté rodeado de tantos prejuicios como él.

diciembre 2018 | OAP! Nº136

Por Ignacio Bernasconi*

 

Sin embargo, en nuestros días el ajedrez enfrenta el mayor y más insólito de todos los prejuicios con que quizás nunca antes había tenido que lidiar. Y no nos estamos refiriendo al prejuicio según el cual sólo pueden jugarlo personas brillantes, chifladas o sin vida social; por cierto, nada más alejado de la verdad. Nos referimos, en este caso, a la infundada creencia de que, por tratarse de un juego mental, necesariamente deba ser aburrido. Es que, nos guste o no, vivimos en una época en que pensar y divertirse no parecen ser actividades compatibles. Más bien, todo lo contrario. Y esto perjudica en gran medida la percepción que, por lo general, se tiene del ajedrez.

Ahora bien, el prejuicio que tenemos entre manos se desvanece tan pronto como nos sentamos frente al tablero, ubicamos allí sus piezas y dejamos de prejuzgar para empezar a jugar. Es que el ajedrez, mucho antes de llegar a ser considerado como una ciencia, un arte o un deporte, todas categorías válidas que darían mucha tela para cortar, constituye una realidad esencialmente lúdica. Y como tal, sólo es posible descubrirla sentándose a jugar.

Con un pasado ancestral, pintorescas anécdotas, excéntricos jugadores, geniales partidas y, sobre todo, incontables combinaciones posibles, el ajedrez se abre ante nuestros ojos como un horizonte que se hace tanto más vasto cuanto más se esté dispuesto a caminar. Es que, además de una muy sana diversión, el ajedrez ofrece beneficios insospechados: nos ayuda a desarrollar la voluntad, el pensamiento lógico, la concentración, la memoria, la creatividad, e incluso la intuición. Al jugarlo regularmente, aprendemos a tomar mejores decisiones y a ser mucho más capaces de controlar nuestras propias emociones. A los niños les enseña a desarrollar la autoestima, la capacidad de socialización y el pensamiento abstracto. A los ancianos, por su parte, los ayuda a mantenerse intelectualmente lúcidos, previniendo todo tipo de deterioro mental, incluyendo el alzhéimer. No es casualidad que desde la pedagogía a la psiquiatría, desde la neurología a la psicología, este juego despierte un interés cada vez mayor.

Y vos, ¿qué esperás para empezar? Te contamos que estás en el momento ideal: justo a las puertas del próximo mundial de ajedrez que se desarrollará en Londres, del 8 al 29 de noviembre. Durante esos días se enfrentarán el actual campeón del mundo, Magnus Carlsen, y el retador de la corona, Fabiano Caruana, en una batalla que promete dar partidas inolvidables.

Si aún no lo conocías: ¡bienvenido al fascinante mundo del ajedrez!

 

*Ignacio es Lic. en Filosofía, redactor, editor y corrector de textos.

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