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Dislexia: cuando los más pequeños se frustran

¿Rebeldía? ¿Vagancia? ¿Bajo coeficiente intelectual​​? Son sólo algunas de las malas formas de catalogar a los niños con dislexia. Muchos chicos en edad escolar no pueden leer y escribir con facilidad y terminan frustrándose al no poder alcanzar los mismos objetivos que sus compañeros de clase. Padres y maestros suelen desconocer esta condición y recurren al castigo. En estos casos, la psicopedagogía se vuelve un factor clave en la recuperación de la autoestima infantil.

abril 2019 | OAP! Nº139

Por Antonella Sottosanto

 

Según la Asociación de Dislexia y Familia en Argentina (DISFAM), la dislexia es un trastorno del aprendizaje de la lectoescritura en niños que no presentan problemas intelectuales y que, por lo general, manifiestan dificultades para la descodificación o lectura de las palabras. «La dislexia no es una discapacidad, es una condición donde hay un déficit fonológico general», señala María Greta Patiño, psicopedagoga de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), quien desde hace siete años trabaja en diversos consultorios y también ha acompañado a muchos chicos como maestra integradora.

Uno de los aspectos relevantes que destaca Patiño es que debería ser modificada la forma tradicional en la que se enseñan las letras en las escuelas. «En la lectoescritura se aprende a través de los fonemas que son los sonidos. Muchas veces los chicos empiezan primer grado sabiendo todo el abecedario, pero al momento de preguntarles cómo suena cada letra, ellos no las saben expresar», comenta la especialista y remarca que esta es una de las cosas que más les cuesta a los niños en general, la relación grafema-fonema o letra-sonido.

Entonces, ¿cómo darnos cuenta si es dislexia o si son errores habituales del aprendizaje? «La mayoría de las veces ellos intercambian las letras, las omiten, escriben letras demás, se confunden la p con la q, la d con la b, tienen escritura en espejo y escriben de derecha a izquierda aún después de decirles que esa no es la forma correcta», sostiene la psicopedagoga como las características más destacadas de la dislexia. De esta manera, pueden tener dificultades en la comprensión, en la expresión, o en ambas. «A veces los chicos comprenden lo que están leyendo pero no lo saben expresar con la escritura», manifiesta.

De esta manera, es fundamental el acompañamiento psicopedagógico en el proceso de recuperación de la autoestima infantil. «Este trastorno influye en el concepto que tienen sobre sí mismos porque, muchas veces, si no está tratada, el niño siente que no puede, entonces en vez de agarrarse de sus fortalezas y ver lo que sí puede hacer bien, se queda estancado en frases como: no puedo leer, no sé, no me sale», comenta Patiño y agrega que esto se soluciona al mostrarle distintos juegos como las loterías de palabras o dibujos que se unen con las palabras para que se entusiasme y logre aprender de una forma divertida.

A lo largo de la historia hubo casos de personalidades destacadas en el ámbito de la ciencia, el arte y el deporte que han padecido esta dificultad. Albert Einstein, Thomas Edison, Leonardo da Vinci, Pablo Picasso, Walt Disney, Steven Spielberg y Muhammad Ali, fueron algunas de ellas. Incluso escritores de gran renombre como Agatha Christie o Francis Scott Fitzgerald han presentado grandes complicaciones para leer y escribir durante su niñez. Si bien es una condición que se puede superar, el componente genético influye de manera significativa. En muchos casos los chicos con dislexia suelen tener padres que también han sido disléxicos.

Dentro de las Dificultades Específicas del Aprendizaje (DEA) se encuentran la dislexia, la disgrafía y la discalculia. La dislexia se asocia con los problemas para leer, escribir y realizar asociaciones entre sonidos y letras. La disgrafía son los inconvenientes específicos para escribir o para expresar ideas de forma escrita, mientras que la discalculia es la dificultad para realizar operaciones matemáticas. La ley 27.306, sancionada en 2016 pero reglamentada recién en 2018, contempla estas tres problemáticas garantizando el derecho a la educación de menores y adultos con alguna DEA.

En este sentido, la ley abarca la capacitación docente, la adaptación de los contenidos curriculares y una cobertura de salud que se incluye dentro del Programa Médico Obligatorio (PMO). De esta manera, las personas con alguna DEA ya no tendrán que presentar el certificado de discapacidad para que les den una cobertura integral de su tratamiento y podrán tener a su disposición a una serie de profesionales como atención psicopedagógica y fonoaudiológica para una mejor evolución en su tratamiento.

En el artículo 6° quedan detalladas las nuevas metodologías que deben implementarse en las escuelas como dar prioridad a la oralidad, otorgarles más tiempo para realizar las tareas y evaluaciones, evitar exposiciones innecesarias del alumno frente a sus compañeros, evitar copiados o dictados extensos, facilitar el uso de computadoras, calculadoras y tablets y ajustar los procesos de evaluación acorde a cada sujeto. La Asociación de Dislexia y Familia en Argentina (DISFAM) viene luchando por esta ley desde hace años y recién ahora pudieron ver realizado su sueño, pero, en la práctica ¿se está cumpliendo realmente?

«Lo que la ley plantea se está cumpliendo a nivel salud, es decir, en cuanto a las terapias psicopedagógicas que el niño necesita estas se incluyen en el PMO y son sin costo, pero a nivel educación es más complicado porque como no es una discapacidad, al momento de pedir una maestra integradora esto muchas veces no lo cubre porque no se trata de una discapacidad sino que es una condición», comenta Patiño y señala que, como consecuencia, los padres deben pedir amparos o luchar un poco más para poder tener al acompañante en el aula.

La especialista también habló sobre el rol que tienen las maestras. «La realidad es que ellas hacen lo que pueden porque en los profesorados tienen muy pocas materias sobre como acompañar a un niño con dificultades. Las capacitaciones están pero la mayoría de las veces son pagas o no son obligatorias entonces si les interesa el tema, o si tienen algún hijo con dislexia son más propensas a hacerlas», remarca y agrega que la mayoría de las veces las maestras van con los que entienden, con los que aprenden bien, y con el resto se adaptan como pueden.

«Hace poco trabajé en un colegio donde había una nena con dislexia en séptimo grado y las maestras no sabían si corregirle las faltas de ortografía o no. Entonces ahí es importante que haya un acompañamiento desde el equipo de orientación para saber qué hacer. Estaría bueno que los maestros tengan más capacitación en torno a las DEA o a otros tipos de dificultades del aprendizaje», finaliza Patiño.

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